Sherlock Holmes y yo

«Sherlock Holmes y yo»

Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

By PacoMan

A pesar de que está publicado en la colección infantil y juvenil de Anaya y de no conocer a su autor, decidí comprar este libro en febrero de 2021 (cuando se editó), por tres razones: el texto de la contraportada, las ilustraciones de Javier Olivares y que lo publicara precisamente Anaya en su colección “juvenil”, para mí todo un prescriptor fiable, desde que conocí su poco loada colección Tus libros de Anaya. Tal como me llegó empecé a leerlo y ¡BLUM! Justo en el desenlace del primer cuento de los cinco que componen esta antología, las páginas aparecían en blanco. Se lo remití a la librería Estudio Escarlata (Madrid) donde lo adquirí y Juan me mandó un ejemplar en perfecto estado. Lógicamente la operación tomó unos días. Y ya no pude leerlo, ya conocía el final del primer cuento pero no su desenlace. Me había gustado y no estaba dispuesto a perder el placer de la resolución y me obligué a dejar pasar el tiempo y que borrara de mi memoria el final. Dejar actuar el principio responsable que aún no haya acabado el canon holmesiano, pero esa historia ya la he contado[1].

¿Y qué mejor momento que un largo vieje en tren de Málaga a Barcelona? Dicho y hecho y este diciembre de Ómicron (¡qué nombre tan adecuado para un malvado holmesiano o de DC o de Marvel!) lo he disfrutado; más aún, lo he gozado.

Existen infinidad de pastiches, podríamos inventarnos infinitas clasificaciones en un puro afán taxidermista que nos ayude a enfrentarnos a lo nuevo. Pero no caeré en ese reto-trampa, al menos no hoy. Muñoz Puelles conoce perfectamente el canon, los tics y virtudes holmesianas. Leer sus cuentos es sentarte en tu sillón preferido, envolverte en tu mantita y releer los viejos casos de Doyle. Son pastiches emulativos. A la vieja guardia, a los que nos queda menos por vivir que lo ya vivido, nos produce un primigenio bienestar hogareño, puro placer nostálgico: metadona para heroinómanos, el turrón El Almendro que vuelve a casa por Navidad.

Luego el viejo Grinch aparece y destaca el abuso de la humedad en los bajos de los pantalones y del verdadero lodazal que era el Londres holmesiano en el lucimiento de las habilidades deductivas. Es cierto que se percibe opiniones en Sherlock Holmes improbables en un victoriano y más propias de esta época de autocensura y pensamiento políticamente correcto. En el siglo XIX el progreso de la ciencia era exponencial, visible y tangible hasta para el más tarugo de los británicos. Pero sus delimitaciones no estaban tan claras como se nos antoja hoy en día… bueno, aún hay quien defiende la homeopatía como ciencia. Hubiera sido más cómodo para Muñoz Puelles eludir ciertas cuestiones, las abordas y Holmes vierte sus opiniones, opiniones de persona instruida en la segunda década del siglo XXI. El autor también comete errores de datación, pues hace coetáneas la segunda mujer de Watson con la revolución bolchevique; errores muy doylianos, por cierto.

Los cinco cuentos son originales pero uno no se puede deshacer de la sensación de estar leyendo un collage de 6 ó 7 cuentos canónicos. Aceptada esa circunstancia, se disfrutan por igual. Hay misterio, unas veces la solución es muy evidente para el lector avezado, otras no, pero siempre hay resolución, no hay finales osmóticos (aquellos donde la mera presencia de Holmes hace que el malo se inculpe). 

Es improbable que Vicente nos regale un segundo volumen sherlockiano, sus 73 años y lo inmenso de sus intereses lo dificultan. Sin embargo no pierdo la esperanza de leer su continuación y volver a mí hogar holmesiano por Navidad.

[1] El que no comía gambas (abril 2021, Ficción Científica) descargable gratuitamente en este enlace.

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Vicente Muñoz Puelles nació en 1948 en Valencia. Desde muy joven se dedicó a la literatura. Su abundante producción abarca distintos géneros (novelas, relatos, ensayos…). Ha recibido, entre otros, el Premio Azorín (1993) con La emperatriz Eugenia en Zululandia, y el Premio Alfons el Magnánim de narrativa (2002), con Las desventuras de un escritor en provincias. De sus incursiones en la literatura infantil y juvenil, podemos destacar el Premio Nacional (1999) con Óscar y el león de Correos, el Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil que obtuvo dos veces, con El arca y yo (2004) y La voz del árbol (2014), y el Premio Libreros de Asturias con La perrona (2005). Ha publicado biografías de Colón, Goya, Ramón y Cajal, Darwin, Dickens, Marie Curie, Einstein y Shakespeare. Estudioso del Quijote y traductor, ha realizado ediciones críticas y ha sido traducido a numerosos idiomas. Formó parte del Consejo Valenciano de Cultura desde 1999 hasta 2018, y fue distinguido con el Premio de las Letras de Generalitat Valenciana en 2018, en reconocimiento a su trayectoria.