El legado de Maude Donegal y El hijo superviviente

«El legado de Maude Donegal y El hijo superviviente»

Joyce Carol Oates. Traducción de Susana de la Higuera Glynne-Jones. Ediciones Siruela.

Por Cristina de @abrirunlibro

Inquietante. Inquietante y perturbadora ha sido la lectura de estas dos novelas cortas, o dos relatos largos, de Joyce Carol Oates. La primera, El legado de Maude Donegal, por disponer de un suspense altísimo gracias al enorme control del tiempo y por unos diálogos enloquecedores. La segunda, El hijo superviviente, por una angustiosa ambientación y una amenazante futura adversidad. 

En El legado de Maude Donegal, una profesora de Pensilvania recibirá la sorprendente noticia de que ha heredado una casa en Cardiff, Maine, de una pariente desconocida. Claire, así se llama la muchacha, es adoptada y nunca ha tenido ninguna curiosidad en saber quiénes eran sus padres biológicos. Hasta ahora. Claire se desplazará hasta Cardiff para saber algo más del por qué fue entregada de pequeña en adopción. 

En El hijo superviviente, la nueva esposa de Alexander, Elizabeth, siente una presencia en la casa donde ahora vive y donde también se suicidó la primera esposa de su marido, N. K, una prestigiosa poeta comparada a grandes mujeres poetas como Silvia Plath o Anne Sexton. Stefan, el hijo de N. K. y Alexander que sobrevivió al suicidio de su madre y a la muerte de su hermana de cuatro años durante el mismo suceso, es un niño silencioso y tímido al que Elizabeth no sabe cómo tratar ya que no habla apenas ni se comunica. 

«En el oscuro y maloliente hueco debajo del fregadero. Detrás de las cañerías. Se ha hecho tan pequeña como para esconderse aquí.
Hebras de una telaraña rota se le adhieren a la piel. Los ojos anegados en lágrimas. La espalda encorvada como la
de un pequeño mono. Los brazos rodeando con fuerza las rodillas encogidas contra su pequeño y plano pecho.
No es más que una niña, lo bastante pequeña como para salvarse. Lo bastante pequeña como para caber en la telaraña. Lo bastante lista como para saber que no debe llorar.
No debe respirar. Para que nadie pueda oírla.»

Este párrafo pertenece al inicio de El legado de Maude Donegal: una novela o relato delirante gracias a unos diálogos que conseguirán crisparnos pero con un tempo tan absolutamente milimetrado que no será necesario prepararse una tila para seguir con la lectura. El legado de Maude Donegal es una historia que parece girar en bucle sobre un mismo hecho pero que no avanza, o mejor dicho, la autora hace que avancemos bajo su batuta, a la espera de un desenlace final. Este es el relato más largo a diferencia del predecesor.

En El hijo superviviente, Joyce Carol Oates sabe hacer de lo pronosticable la sorpresa. De lo probable el estupor. De lo presumible la admiración. Y es que este relato a pesar de saber ‘casi’ con antelación lo que seguramente sucederá, hace con él un nuevo registro narrativo que pocos hoy en día son capaces de imitar. 

Ambos perfiles de las dos protagonistas de ambos relatos estarán presentados como frágiles e indefensos lo que hará que el suspense sea realmente alto. Como ya he comentado en otra ocasión, la frase de Hitchcock sobre lo que es el suspense, aquí se puede también definir. Y es que Joyce Carol Oates borda el suspense de maravilla en estos dos relatos góticos.

«Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense.» Alfred Hitchcock.

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Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938) enseña escritura narrativa en la Universidad de Princeton, es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras y ha sido galardonada con algunos de los más prestigiosos premios literarios internacionales —el National Book Award, el PEN/Malamud Award y el Prix Femina Étranger—. Desde hace años es una de las más firmes candidatas al Premio Nobel de Literatura.