Mil lunas

«Mil lunas». Sebastian Barry. Traducción de Susana de la Higuera Glynne-Jones. AdN. 

Por Cristina de @abrirunlibro

Si en el 2018 se publicó aquí la magnífica novela «Días sin final» de Sebastian Barry, ganadora del Costa 2016, donde se nos presentaba los lances de unos amigos y pareja afectiva Thomas McNulty y John Cole, ambientado todo ello en la década de 1850 en los que serían los futuros EUA, ahora llega Mil lunas con una joven nativa americana de protagonista, Ojinjintka, adoptada por Thomas y John. Ojinjintka intentará superar la violencia y el asesinato ejercido sobre su familia lakota gracias al amor de sus nuevos padres y de amigos. Nos encontramos en la granja donde Thomas McNulty y John Cole trabajan, situada en el Tennessee de la década de 1870, cerca de un pueblo llamado Paris en el oeste del estado. Nada será  fácil en un territorio árido de costumbres arraigadas.

Narrada por Winona, que es como llamarán a la muchacha lakota debido a la dificultad en pronunciar su nombre real, Thomas McNulty y John Cole pierden protagonismo en Mil lunas para cederlo a la chica y prácticamente no sabremos nada de ellos excepto en ocasiones donde el argumento lo requiera. Aparecerán otros personajes como Rosalee Bouguereau y su hermano Tennyson, dos negros antiguos esclavos que dotarán algo de vida al libro aunque sin llegar a conseguirlo. Mil lunas es una novela que no alcanza el interés logrado en «Días sin final», quizás porque ya no exista el factor sorpresa como nos ocurrió a la mayoría de lectores; quizás también porque Winona no llega a despertar la ternura que despertaron en su momento Thomas McNulty y John Cole. 

La novela no dispone casi de trama excepto cuando llega un acontecimiento que pondrá de relieve el escaso valor de la vida de una chica nativa en aquella época. A partir de ese momento, Winona iniciará una especie de investigación por su cuenta que la llevará, sin quererlo, en busca de aún más peligro hacia su persona. 

Mil lunas adolece de ritmo aunque queda compensado por el lirismo en la prosa de Sebastian Barry que es admirable. Es ahí donde más se disfruta este libro y donde el lector puede sentir que ha llegado a buen puerto. 

«Todo lo que recuerdo de mi madre es como el pequeño morral que lleva un niño para guardar ahí dentro todo lo que es valioso para él. Cuando un amor como ese es tocado por la muerte, entonces algo más profundo incluso que la propia muerte crece en tu corazón. Mi madre se preocupó muy mucho por nosotras, por mi hermana y por mí. Se volcó en lo rápido que podíamos correr y lo alto que podíamos saltar, y nunca se
cansó de decirnos lo guapísimas que éramos. Solo éramos unas niñas, allí en las llanuras, bajo la luz de las estrellas

Nueva novela —¿futura saga de Thomas McNulty y John Cole?—, donde destacará la buena lírica del irlandés Sebastian Barry.

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Sebastian Barry nació en Dublín en 1955. Sus novelas y obras de teatro han recibido numerosos galardones, entre los que destacan el Kerry Irish Fiction Prize, el Irish Book Awards Best Novel, el Independent Booksellers Prize y el James Tait Black Memorial Prize. Tres de sus novelas han sido finalistas del Premio Man Booker: «A Long Long Way» (2005), «La escritura secreta» (2008) y «Días sin final» (2016), estas dos últimas también ganadoras del Premio Costa. «Días sin final» también ha recibido además el premio Walter Scott de Ficción Histórica 2017. También disponible de Sebastian Barry en AdN: «Días sin final».