El Club del Crimen de los Jueves

«El Club del Crimen de los Jueves». Richard Osman. Traducción de Claudia Conde. Editorial Espasa.

By PacoMan

Admito que no reseño esta novela porque sea un bestseller que cuenta con siete reediciones. No, es por esta frase de promoción de la solapa:

“… El Club del Crimen de los Jueves es su primera y, hasta ahora, mejor novela. …”

¿Qué le pasa a Planeta? ¿Nadie revisa el trabajo del becario antes de imprimir los libros? ¿Este es el nivel? Luego miro los resultados de las últimas elecciones autonómicas y la programación de Tele 5 y confirmo mis sospechas.

No me gustan los bestsellers. Pero no comparto con sus críticos que sea una fórmula magistral trivial de aplicar. Por la sencilla razón de que si lo fuera, muchas más editoriales sacarían “sus” bestsellers y no sólo las grandes. En los negocios, y editar libros es un negocio, si hay una fórmula para ganar dinero se exprime hasta que deja de serlo, deja de ser útil. Tampoco digo que sean obras insignes de la literatura, no, tampoco es eso. Al acabar este libro es fácil identificar los elementos principales comunes a otros bestsellers. Pero que un libro tenga esos elementos no garantiza que sea un superventas. Evidentemente no es un problema de la enjundia de ¿quién marca la moda? ¿Cómo se marca la moda? Cuestión que ya me devaneaba las meninges a mí, antes que aparecieran los influencers (meros anuncios y casi única vía de acceso a un subgrupo importante de consumidores: los jóvenes. Esos nativos digitales y analfabetos en casi todo lo demás). Y cuya mejor respuesta la encontré explicada en La Oveja Mansa de la escritora norteamericana Connie Willis (1996, Bellwether, en España la tradujo el gaditano Rafael Marín Trechera y publicó Ediciones B en NOVA en 1997. Luego le han seguido varias reediciones, meras reimpresiones con nueva portada). La moda y los bestseller se parecen como una torta a un pan, fin de mi interés por los bestseller.

Y no me gustan los bestsellers. No creo en las etiquetas creadas por los departamentos de marketing de las editoriales… con todos esos becarios. Pero no niego las etiquetas. Me explicaron en primero de Sociología en la Univesitat Autònoma de Barcelona allá por 1986, que los humanos necesitamos las etiquetas sociales como el respirar, ya que nos permiten simplificar nuestra realidad diaria, poder gestionarla y tomar decisiones. Aquel que reniega de las etiquetas y convencionalismo sociales simplemente miente o es un anacoreta. Claro que las uso y me declaro lector de ciencia ficción y holmesiano: dos grandes etiquetas. Admito que las etiquetas me simplifican la vida a la hora de elegir un libro o ver una película. ¿Me equivoco de lectura y visionado? Claro que sí, continuamente. Pero leer un mal libro o ver una mala película no tiene el mismo coste que votar a un mal partido político… Oye, y nadie se arrepiente de haber votada lo que ha votado.

Me lo he pasado bien leyendo la primera, pero mejor novela de Richard Osman. En un hogar del jubilado rico, muy rico británico, existe un grupo de investigadores tan entrañable como el de Alfred Hitchock y los Tres Investigadores. La serie original de libros se publicó de 1964 a 1979 y sus miembros eran Jupiter Jones, Pete Chresnshaw y Bob Andrews creados por Robert Arthur. Osman 56 años después retoma la idea, convierte en cuatro a los investigadores, dos abuelas Joyce (la líder, y con los mismo atributos que Jupiter) y Joyce (la narradora y asemejada a Bob) y dos abuelitos, Ron e Ibrahim (que se reparten las habilidades de Peter). Evidentemente los lectores de aquella saga juvenil son los lectores de este bestseller, ya que evidentemente los jóvenes de hoy no leen, ni lo van a hacer nunca. Según la faja publicitaria que luce el libro lleva vendido 1.000.000 de ejemplares en tiempo record, que no me acabo de creer del todo… aún recuerdo lo “de la primera y mejor novela”. ¿Se puede ser más obtuso?

La trama de esta novela es más compleja, no en vano su extensión multiplica por diez la que el gordinflón Jupiter con la ayuda de sus jóvenes socios, necesitaba para resolver los enigmas planteados. Aquí Elisabeth, una James Bond jubilada y según mi gusto con la cara de la actriz Helen Mirren toma el relevo. La campiña inglesa, sus pequeñas poblaciones y esa educación británica remiten irremisiblemente a Agatha Christie, la Dama del Crimen. Pero a mí me recordó a la película Cocoon (1985, Ron Howard, basada en la buena novela de David Saperstein de mismo título). Todo este ambiente de azúcar y lavanda se trunca por la vejez.

Osman sabe poner a la ineludible y cercana cita con la Parca en un destacado segundo plano. Los personajes viven como si no les preocupara, pero sus actos no lo confirman. La muerte está ahí y ellos la eluden viviendo, llenando sus vidas con pequeños placeres, placeres de viejo. En verdad os digo que si mi conocimiento de la lengua de Shakespeare fuera otro y mi patrimonio veinte veces mayor, estaría encantado de jubilarme en su “parque temático de la tercera edad”: Coopers Chase. Pero lo haré aquí, esperando que los becarios de Espasa paguen muchos impuestos para que la Seguridad Social pueda ingresarme mi pírrica pensión. Siempre y cuando sus votos no permitan a la derecha ultra liberal desmantelarla antes: largo me lo fio.

El misterio de la novela: los asesinatos no es lo mejor del libro y se cierran así, de esa manera. ¿Les he dicho ya que soy holmesiano? Seguramente Osman mejore y en las siguientes entregas lo plantee y resuelva mejor… siempre que no se le mueran los protagonistas. Porque si sólo es cierto el 25% de las ventas que anuncia el becario de Espasa, vive Dios que Penguin Books cautivará a Richard Osman para que pergeñe él y su ejército de negros (de existir) una continuación.

***

Richard Osman es un exitoso presentador, comediante y productor de televisión británico. Director creativo de Endemol UK, ha trabajado como productor ejecutivo en numerosos espectáculos. Se hizo famoso presentando Pointless. Su popularidad continuó con su propio concurso de la BBC, Two Tribes. Participa regularmente en otros programas televisivos y escribe una columna para Radio Times.