Los príncipes valientes

«Los príncipes valientes». Javier Pérez Andújar. Tusquets Editores.

By PacoMan

Fue mi gran amigo Richard Montenegro, al que nunca he visto, ¡las cosas de internet!, quién me dio a conocer al escritor barcelonés Javier Pérez Andújar y eso ocurrió en setiembre de 2016, por el pleistoceno. Andújar es tres años mayor que yo y compartimos muchas más cosas a parte de la década de nuestro nacimiento: el origen humilde, somos hijos de inmigrantes andaluces y proletarios criados en barrios de aluvión de los años 60, en esos cinturones industriales tan cerca de Barcelona y tan lejos de Dios. Menos mal  y gracias a Dios como diría Buñuel, porque si Dios ama así a los pobres, no quiero ni imaginarme cómo nos iría si nos odiase. Leímos los mismos tebeos, estudiamos en Escuelas Nacionales (colegios públicos franquistas), vimos las mismas series de televisión (eso fue fácil, sólo había dos canales y no existía Internet) y leímos los mismos libros (bueno, Javier bastantes más que yo). Es improbable que no haya leído sus artículos en El País o en El Periódico pues eran los periódicos que yo leía, en los tiempos en que leía periódicos, aunque alguna vez leí algún ejemplar de La Vanguardia, por saber de qué se quejaban, qué les quitaba el sueño a los burgueses de derechas catalanes y perdón por la redundancia.

Fue el pregón de las Festes de la Mercè de 2016, que Richard me mandó, lo que me hizo poner a Javier Pérez Andújar en el mundo con nombre y apellidos. El escritor Armando Boix amablemente accedió a ponerle entradilla al magnífico pregón de Pérez Andújar, que se puede leer en el blog Grupo Li Po en este enlace. Hablaba mi amigo Boix muy bien, por cierto, de la primera novela de Javier: Los príncipes valientes (2007) Tusquets Editores, y, consecuentemente, me la compré ipso facto. El 26 de diciembre de 2016 fui yo quien le hice la entradilla (una entradilla autobiográfica, todo hay que decirlo) del “cuento de Navidad” que Javier publicó el 24 de diciembre en El Periódico: Los que empujan el carrito (consultable en este enlace). Desde entonces he leído muchos artículos de Javier, pero nunca abrí su novela que fue acumulando polvo en mi estantería. Si alguna vez, por casualidad la veía, intuía lo bien que lo iba a pasar al leerla. Y por fin, sin saber por qué, como se hacen las cosas importantes, el 29 de diciembre del 2020 la leí. En el último año de esta desastrosa década para los proletarios que hemos vuelto a ver reducido nuestro poder adquisitivo. Aunque la primera década de este milenio no nos fue mejor. El salario medio del año 2000 podía comprar más cosas que el del 2020. Los proletarios llevamos un milenio de perder sobre perdido y lo que nos va a venir no es mejor. De eso precisamente va la novela de Pérez Andújar (bueno, y de más cosas): de resilencia, de la resilencia de la clase de obrera, narrado a partir de la experiencia de su familia, de su padre obrero del metal y sindicalista en la España franquista, del abuelo materno que los franquistas le dieron el paseíllo en Almería, del tío Lenin que los fascistas obligaron a cambiar el nombre y del tío Ginés todo un superviviente, aguantar, prevalecer, simplemente sobreviviendo como lo hacen los desposeídos en esta balsa pétrea que decía Saramago, echando mano del ingenio y la picardía. En palabras del propio Pérez Andújar con “la ironía popular, que es el escepticismo del que no va a ganar”. Con eso tan español que a la postre nos ha permitido legar un género literario a la humanidad: la novela picaresca.

Los príncipes valientes narra las vivencias y las historias vividas en un año de la joven vida de Javier Pérez, en particular del 1974 y la narración acaba el 31 de diciembre, el mismo día que yo acabé su lectura: 45 años después de acaecido lo narrado.

Es difícil describir el estilo de Javier Pérez Andújar a caballo entre el ensayo, entre la poesía de verso libre y la narración tradicional. En esta primera novela Javier declara su amor a los libros, un amor sin medida e incondicional, de la mano de su inseparable amigo de la infancia Ruiz de Hita, porque en Cataluña, en el colegio, los niños nos llamamos por el apellido. Con el mismo tono nos describe la ribera del río Besos con sus huertos okupas, como nos hace una vivisección de doce páginas del detective Colombo y su significado antropológico y sociológico — por cierto para enmarcar—, como nos narra una anécdota aparentemente insignificante (lo que viene a llamarse hoy día una “tontá”) de su tío Ginés. Javier observa y deduce lo que los demás sólo somos capaces de ver y no entender: todo un Sherlock Holmes. Al que por cierto saca dos veces a pasear por las páginas de esta novela. Su atenta e inquisidora mirada tanto sirve para encontrar los paralelismos e influencias de ciertas obras de Edgar Alan Poe  en las de Jules Verne, que para analizar a King Kong, como para hacer una lectura sociopolítica de la burguesa familia Ulises, esa familia del TBO del tardofranquismo. TBO, esa revista infantil de dibujos que da origen a la palara tebeo para designar lo que los modernos llaman cómic, con el afán de ser considerados personas muy serias y muy respetables, pese a sus lecturas.

Confesiones de un niño de barrio de trabajadores y familia roja, como llamaban los franquistas de siempre y la ultraderecha de hoy a ser de izquierdas. Se nos narra cómo la conciencia de clase va abriéndose camino en la inmaculada mente de un crío de barriada de inmigrantes de nueve años. Pese a ello, Los príncipes valientes es un libro sobre el amor a los libros y de la firme determinación que se asienta en el alma del joven Javier de ser escritor, escritor por encima de todas las cosas.

Suelo subrayar a lápiz los libros que leo y mi ejemplar de esta novela ahora es puro grafito: párrafos y párrafos marcados con ideas brillantes, comentarios agudos y conclusiones inteligentes. Y mientras leía y subrayaba me animaba a mí mismo, redactando mentalmente esta crónica y aventurando lo bien que iba a lucir con esta y aquella cita literal. No, esta vez no lo haré, bueno sólo una vez y será al final. Pérez Andújar y su forma de ver el mundo merecen leerse directamente en su pulida, directa y aparentemente sencilla prosa: es toda una experiencia. Esta primera novela se cierra bronca, sin concesiones, con dureza: la repentina pérdida del amigo del alma: Ruiz de la Hita se muda a otra ciudad (no había móviles ni Internet) y con una confesión del propio escritor.

Yo también fui un niño autodidacta en el amplio universo de los libros, mi experiencia fue distinta pero parecida a la narrada por Javier en esta novela. Los primeros libros que entraron en mi casa fueron los libros de texto del colegio de mi hermana, cuatro años mayor que yo. Leí lo que pude, asaltando la exigua biblioteca de mi Escuela Nacional Bellavista. Gracias a la veneración casi religiosa que mis padres analfabetos sienten por los libros, pude escoger y tener los libros que quise. Todos los domingos hay mercado en Canovelles, población colindante a mi natal Les Franqueses del Vallés (junto a Granollers). En Canovelles vivía mi tía Dolores, hermana de mi padre, hasta que decidieron volverse al pueblo, a Osuna en Sevilla. Aprovechando la visita dominical que le rendíamos, mi padre y yo parábamos en la librería de barrio obrero: la Ikastola (colegio en vasco y evidentemente regentada por vascos), que estaba al lado de la puerta de mi tía. Allí, yo era libre y rico, podía escoger el libro que quisiera. No nos engañemos, todos ellos eran ediciones rusticas y baratas, ediciones para obreros. Mi padre pagaba gustoso y orgulloso mi elección: su hijo leía como hacen los hijos de los catalanes ricos. Lecturas al asalto, sin guía, sin tutela, bueno, dentro de los márgenes que el fondo de una librería de barrio de inmigrantes pobres tenía en los años 70 tras el final de la dictadura de Franco. En fin, lectura gozosa con el mismo placer que nos cuenta Pérez Andújar en su Los príncipes valientes. Un amor difícil de describir al que nunca se ha envenado con él. Javier nos narra ese amor con una elección de las palabras minuciosa y mimosa, mostrando gran respeto y cariño por las herramientas de su profesión.

Como ya he apuntado son tres libros en uno. El ya comentado del amor a los libros y a la escritura, el segundo es el libro de la construcción de la conciencia de clase construida con los recuerdos de su familia, y, el tercero, son los breves ensayos sobre cultura con c minúscula, esa precisamente que ensalza majestuosamente en el pregón de las Festes de la Mercè de 2016. La cultura, esa cultura que es industria, que no requiere de subvención para sobrevivir, y por la que nunca se va a recibir premio alguno, ni reconocimiento de los muy serios y cultos próceres de la patria de piedra, que es este lamentable y fallido estado nuestro.

Andújar no reniega de dónde viene y su análisis de la realidad —de los tebeos, de las novelas, de las series de detectives americanas—, es un ejercicio de dialéctica hegeliana. Pero tras narrarnos la despedida de su alter ego y camarada de libros Ruiz de la Hita nos confiesa en esta declaración de intenciones, en las páginas 229 y 230, lo que va a ser su vida de ahora en adelante:

«Me fascinará en mi pertenencia a la masa obrera el ideal de pueblo unido, pero a la vez rechazaré este idealismo, afectado de una aristocracia literaria que me ha sobrevenido tardíamente, y poseído por un biográfico resentimiento contra la clase en que nací, producto de mi incapacidad para integrarme en ella. En esta marginación, que ya no distingo si fue voluntaria o accidental, voy a exaltar vehementemente al solitario que corre, al Pinocho de madera cuando quiere huir de su condición artesanal, y voy a aclamar a los detectives vestidos de hombres vulgares que corren como personajes de cuentos entre gigantes de cemento. Pero todavía por encima de la épica de la masa que fluye y aún por encima de la épica del hombre corre escapando de ella, me sentiré fascinado en mi exclusión por la figura marginal del teniente Colombo, que es el individuo hijo de la masa, que se aparta discretamente a un lado para anotarlo todo en su libreta de hombre que escribe, y éste es al que yo voy a querer imitar en todo momento.»

Ya me he comprado La noche fenomenal (2019). Sé que la disfrutaré como lo he hecho con esta novela. Eso sí, espero no tardar cuatro años.

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Javier Pérez Andújar (Sant Adrià de Besòs, 1965), licenciado en filología hispánica por la Universidad de Barcelona, es autor de Los príncipes valientesTodo lo que se llevó el diabloPaseos con mi madre y Catalanes todos. Por sus colaboraciones en la edición catalana de El País recibió el Premi Ciutat de Barcelona 2014 de medios de comunicación. Actualmente escribe crónicas del Parlament de Cataluña para el mismo medio.