Felicidad clandestina

«Felicidad clandestina»

Por Liliana Souza

Nunca nadie mira ni ve lo mismo. Como a través del ojo de una cerradura, cada cual ve lo que quiere.

«Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento.»

Clarice sabe cómo, y nos presenta a este personaje singular y poco querible. Y así, sola y majestuosa, su palabra interpela y origina más de un pensamiento. Escapa a las trampas del lugar común. Prueba herramientas y recursos, explora nuevos horizontes y los expone ante la mirada atenta de sus lectores. La narración se convierte en un largo discurrir, una cinta que se despliega y nos conmueve.

«Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa.»

Clarice y esa manera intransferible de transitar la literatura, proponiendo una ficción que juega con lo traducible e indescifrable, lo posible y lo simultáneo. Nacida en Ucrania el 10 de diciembre de 1920, siendo aún bebé, su familia se muda a Brasil. Estudió derecho y llevó a cabo una vida casi normal hasta sus 24 años, cuando con su primera novela “Cerca del corazón salvaje”, obtuvo el premio Graça Aranha, y su anonimato comienza a ceder.

«Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.»

Clarice amaba los libros, como una lectora ferviente y como hacedora de una vasta producción. Hay en ella un tono, un sonido inventado. Un proyecto absolutamente propio. Es una escritora que pone el cuerpo y todo lo que su presencia, acción y ausencia implican hasta alcanzar el estilo simple y casi transparente, muy centrado en los hechos.

De su obra cabe destacar: “La manzana en la oscuridad”; “La pasión según G. H.”; “La legión extranjera”; “Aprendizaje o El libro de los placeres”; “Agua viva”; “Revelación de un mundo”. Y, aquel texto que motiva este artículo, “Felicidad clandestina”, una historia en la que todas las palabras son importantes y en especial las que permiten abordar algo concreto y único, afirmando el concepto de felicidad secreta que se expande, casi clandestinamente. Precisando que en toda gran mentira anidan siempre, pequeñas verdades. Un cuento que simboliza algo más de lo contado, albergando una historia paralela. Un cuento, de una sola memoria y una sola emoción.

«Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía Las travesuras de Naricita, de Monteiro Lobato.

Era un libro gordo, válgame Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría. Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro. Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un apartamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez.»

El 9 de diciembre de 2017, al cumplirse 40 años de su muerte se edita “Por qué este mundo”, una biografía suya escrita por Benjamín Moser, quien asegura que «el misterio de Clarice es una cosa llamativa. Hay varias maneras de acercarse a ella, la mía fue hacer investigación y escudriñar en sus orígenes. Su condición personal fue mucho más importante que sus influencias. Tuvo un origen diferente, era pobre, pero su pobreza no era la típica brasileña, sino la pobreza del refugiado, del inmigrante. Entonces en su obra siempre se observa la mirada ajena, la de la persona que parece encajar en la sociedad pero que se sabe afuera.» Nunca nadie mira ni ve lo mismo.

«Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: “el tiempo que quieras” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.»

Pero la felicidad, es también huidiza e inconstante. Un incendio destruyó el dormitorio de Clarice una madrugada de 1966. El incidente le ocasionó quemaduras en gran parte del cuerpo. Pero será su mano derecha la más afectada, la que nunca recuperará la motricidad. Yo, imagino que esa mano persistió alzada, marcando una geometría insinuada y rigurosa al extremo, ofreciendo un toque final para sellar su estilo característico de escritura.

«No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante.»

El personaje principal de “Felicidad clandestina”, instala un final abierto e invita a los lectores a hurgar en el principio de las cosas más allá de una postura sensible.

Clarice murió, aunque su figura, con el gesto doble, mezcla de despedida y celebración, se niega a la palabra fin. Aún gira en torno a la línea precisa, como forma física y material que construye sus relatos. Aún logra que sus criaturas, aparentemente, decidan por sí mismas fabricar sus destinos y ponerlos en marcha.

Clarice Lispector, esa membrana translúcida que pareciera existir entre lo que es verosímil y lo que no. La que parte en 1977, y desde entonces diciembre la observa con nostalgia. Ya se ha dicho: nunca nadie mira ni ve lo mismo. Como a través del ojo de una cerradura, cada cual ve lo que quiere.

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Liliana Souza nació en 1958,  en Avellaneda. Actualmente reside en Don Bosco, Quilmes, Pcia. Buenos Aires, Argentina y donde coordina un Taller Literario.

Como poeta obtuvo 19 primeros premios nacionales,  y  reconocimientos en España y EE.UU.

Sus trabajos se incluyen en antologías, diarios, revistas y sitios web. También en libros publicados en Méjico y España.

Difundió poesía editando los espacios “Quilmespoesía”,  “poemás”  y  “poemás o menos”,  con el auspicio de la Universidad Nacional de Quilmes y Biblioteca Pública José Manuel Estrada.

Colabora con Agenda del Sur, Diga 33,  Paloma y La palabra que sana,  escribiendo artículos sobre literatura.

En 2010 publicó “esa otra forma”.

En 2012 “cuarto de costura”.

En 2015 “la doliente”.