Historias de Hann

«Historias de Hann». Ferran Varela. Ilustración Manuel Gutiérrez. Ediciones el Transbordador.

By PacoMan

Historias de Hann de Ferran Varela publicado en 2019 por Ediciones el Transbordador. Se trata de su tercer libro, en esta ocasión una recopilación de cuatro historias ambientadas en el universo de Hann. Hablamos de fantasía oscura (todos sus textos son de Fantasía), lugar donde Ferran ha ambientado otras obras, que sin embargo se leen independientemente de la que se reseña: La danza del gohut (2018) y El arcano y el jilguero (2019) todas editadas por Ediciones el Transbordador y un puñado de cuentos en prestigiosas recopilaciones y antologías.

Lo diré ya, no me gusta la Fantasía ni el Terror. Soy lector de Ciencia Ficción. Pero me gusta lo bueno: el jamón, el vino, el cine y la literatura cuando son buenos, claro está… el vino y el jamón siempre. Y estamos ante un ejemplo de una buena historia, que se enmarca dentro de la Fantasía porque su autor se encuentra mucho más cómodo narrando en esas premisas. Pero no pensemos que en el universo de Hann hay magia, orcos o dragones. Hay algunos animales maravillosos, pero son dados por descontado por los habitantes de Hann. En palabras del propio Ferran es como los osos en nuestro mundo, normalmente uno nos los ve pero sabe que existen y si vemos uno, no es un descubrimiento sino una casualidad.

Varela utiliza sus historias como vehículos para reflexionar sobre temas que le interesa tratar. Y sus tratamientos son verosímiles, adultos y sorprendentes. En esta ocasión, en Historias de Hann, utiliza la vida de personajes secundarios en las grandes tramas del universo de Hann, como hace magistralmente Kurt Busiek en su cómic Astro City.

Por cierto, Ferran escribe tan deliciosamente bien que hay páginas tan redondas que el libro rueda solo. 

La primera historia: “El guardián de los secretos” es un cuento creado con los que los anglosajones de ciencia ficción acuñaron como: “What would happen if…?”, es decir ¿qué pasaría si…? Algo propio de la Ciencia Ficción pero que Ferran maneja sin ningún pudor y con éxito en el entorno de la fantasía. En esta ocasión se trata de ¿cómo sería la vida de un monje que para no revelar los secretos oídos en confesión fuera mudo y no supiera ni leer, ni escribir? Para ello, y dentro del panteón mítico-religioso de Hann, incluye una orden de la diosa Itine que selecciona a niños de la calle, los recoge y da un futuro áspero, pero futuro al fin y al cabo, a cambio de cortarles la lengua y enseñarle a escuchar los secretos de confesión a cambio de limosna. En suma una vida errante, siempre en los desagradables caminos y expuesto a las inclemencias del clima. Ferran nos narra en primera persona, a nuestro innominado guardián veterano del oficio, un descreído, un oportunista, inseparable de su condición de mendigo. Vivimos a través de sus pensamientos una aventura perfectamente enmarcable en la picaresca del siglo de oro de la literatura española. Ahora bien, tan amable vehículo no priva de reflexiones sobre la religión, el irresistible poder de la aristocracia, la condescendencia en una trama enrevesada y mundana. Cabe destacar el final del cuento: una soberbia descripción del amargo sabor del triunfo de un perdedor profesional.

La segunda historia: “Las llamas serán tu corona” es impresionante. Un señor medieval está asediado en su torre por su propio pueblo que quiere derrocarlo. ¿Cuántas veces ha sido contada esta historia? Decenas, algunas magistralmente como en la película El señor de la Guerra (The War Lord, 1965, Franklin J. Schaffner) con un soberbio Charlton Heston. Luego actor y director, tres años después, hicieron El planeta de los Simios, pero esa es otra historia que ya conté [1]. Las reflexiones de un brillante rey nos van llevando por un camino trillado, pero algunas piedras no encajan, y por momentos parece que tras el recodo nos encontraremos a Nicolás Maquiavelo y a su El príncipe (Il príncipe, 1513). Es un rey derrotado, no hay que olvidarlo, su brillantez no le ha evitado su situación de total postración. Deberíamos sospechar de una magnanimidad en la derrota impropia de la fantasía, pero es pronto para ello: Ferran nos lleva con pulso firme por donde nos quiere hacer pasar. Y casi de golpe aparece el símil revelador: estamos en el universo de La princesa prometida (The Princess Bride, 1987 dirigida por Rob Reiner y guión del escritor de la novela homónima de 1973 sobre la que se basa William Goldman) pero sin humor, sin romanticismo y sin esa magnificente banda sonora… sólo la inteligencia. Pero la breve historia avanza, se plantea la venganza del rey caído. ¡Zas! ¡En toda la boca!  Todo se desmorona, en un sorprendente requiebro Varela le da la vuelta a la historia. Sí, el rey ha sido derrocado, pero la aceptación de su derrota ante su pueblo es una absoluta victoria liberadora, para él rey (¿emérito? No, es demasiado inteligente para ser un Borbón), para el lector y sobre todo para su escritor. En mi personal e intransferible interpretación, Ferran (barcelonés de nacimiento y residencia) nos ha hablado del Procés en Catalunya, de la legitimidad de un rey, de los costes de las Revoluciones, de las obligaciones del poder al más puro estilo Stan Lee y su Spiderman.

La tercera historia: “Polvo de hadas” es un cuento sobre drogas, sus adictos y sus traficantes, particularmente de la cocaína. Los protagonistas Teo y Enlo son una pareja de sacerdotes, bueno de ex-sacerdote, que haciéndose pasar por misioneros realmente están recolectando droga para venderla en la gran ciudad. Recolectan el polvo de hadas aprovechando la inocencia de los pueblos indígenas y especialmente la de sus niños. Pueblos indígenas en este universo medieval que es el Mundo Hann… que se parece mucho al mundo de los conquistadores europeos de América y África. Ferran dice:

«Sólo hacemos lo de siempre: les regalamos la civilización y lo único que les pedimos a cambio»

Antes del descubrimiento los indios tenían la tierra y los conquistadores sus curas con la biblia, llegaron los europeos y los indígenas se quedaron la biblia y los curas y conquistadores se quedaron la tierra. Ya lo decían los marxistas, la religión es el opio del pueblo. Y sería fácil añadir que la mejor arma de control y manipulación del poder.

Pero este cuento no va de religión, ni realmente va de drogas, Varela lo dice claro al poco de empezar el cuento:

«Hoy, el dilema estriba en cuestiones mucho menos filosóficas. Versa sobre hasta dónde somos capaces de llegar persiguiendo nuestra propia felicidad. Sobre qué estamos dispuestos a hacer por cumplir nuestros anhelos. Sobre quién sufrirá por esta lucha sucia y egoísta. Sobre si nuestra conciencia podrá o no soportarlo.»

Y vive Dios, nunca mejor traído, que cumple su afirmación, punto por punto, palabra por palabra. Y aunque no me ha importado nunca revelar el contenido de lo leído en mis reseñas, no voy a contar más de la trama. Este cuento y el esfuerzo de su autor, merece leerse y descubrir según él lo planificó.

Para acabar comentar que me ha subyugado la “larga espera” brillante concepto y ¡cómo luce en el sorpréndete final! Cosas de la edad, me evocó instantáneamente el efecto relativista en el paso del tiempo de alguien, que cayera a través del horizonte de sucesos de un agujero negro que magistralmente describió Frederik Pohl en Tras el incierto horizonte (Beyond the blue event horizon, 1980) segunda entrega de la Saga Heechee que se inicia con la obra maestra Pórtico (Gateway, 1977).  Pero también en ese magnífico cómic guionizado, dibujado y entintado por Denis Bajram que es Universal war one (1998 a 2006) particularmente el álbum 3, Caín y Abel.

La cuarta y por desgracia última historia es “El arte del cuentacuentos” es casi experimental. ¿Literatura experimental en un universo de fantasía medieval? Pues sí y además funciona. Rompe la cuarta pared y directamente interpela al lector, pero además lo abronca y le dice las cosas claras, muy claritas ¿Qué no? Ahí va:

«Y aquí, lector, me permitirás que haga una pausa dramática. Ya sé que al dirigirme directamente a ti estoy rompiendo la cuarta pared y violando otra de las sagradas normas de mi arte  (…) los escritores somos unos embusteros (…) Confiarte este secreto no sería, en principio, una buena idea, si no fuera porque tú eres adicto a que te mientan. (…) hemos firmado un pacto tácito en virtud del cual te comprometes a creer mi historia si yo me atengo a no vulnerar sus normas de coherencia interna. No te doy verdad, te doy verosimilitud, cuyos límites plásticos me permitirán transmitirte el mensaje que yo deseo contarte y tú anhelas escuchar.»

Y lo hace, lo hace verosímil (y eso que escribe fantasía) pero no agradable al lector, nunca dijo que no sería costoso emocionalmente. No hay finales edulcorados a lo Disney. Varela no tiene ni un solo texto “amable” con el lector, todo acaba como debe acabar y nunca es como el lector predice, mal acostumbrado por centenares de adocenados contadores de historias blandengues, que diría ese dechado de hombría que fue el Fary. 

Aunque se nos narra el nacimiento de una colaboración literaria permanente, realmente se trata de:

«Sin embargo puesto que este relato es en parte manual, es parte confesión y en parte fantasía, y tú ya estás disfrutando del espectáculo entre bambalinas, haré hincapié en ella.»

Y por segunda vez debo decir que cumple su afirmación, punto por punto, palabra por palabra. Sé que debería hablar de las tres capas de los personajes y que todas, pero todas, las historias son la misma historia ¿Pero entonces porqué ibas a leer el relato?

Quedo está vez huérfano de saber más sobre la relación del jinete y su hipocampo. Ya contó algo en su novela El arcano y el Jilguero pero espero con anhelo más, como un yonki una dosis de polvo de hadas.

Ferran utiliza el lenguaje de la fantasía para hablar de los temas que le apetece. No lo digo yo, lo dijo él mismo en la presentación que hizo de esa antología en Málaga el 30 de noviembre de 2019 y que croniqué en este enlace. No es habitual abordar este tipo de temas en algo tan encasillado y aparentemente con poco recorrido intelectual como la Fantasía. Lo que no es más que un prejuicio que tenía, que Varela derroca a golpe de cuento, a golpe de ingenio.

[1] Lo hice en el artículo Una película comprometida publicado en la antología de ensayos Tras las huellas del planeta de los simios (2016) seleccionado por Txema Gil y editado por Quarentena Ediciones.

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Ferran Varela (Barcelona, 1988) es licenciado en Derecho y abogado en ejercicio. Se inició en el mundo de la literatura publicando varios relatos que le granjearon unos cuantos premios, varios accésits y le hicieron quedar finalista en distintos certámenes. Tras participar en un par de antologías (Dark Fantasies, El viento soñadoro Cuéntamelo otra vez), publica en 2018 La danza del Gohut, su primera novela corta. La obra tuvo una acogida fantástica y en ella se nos cuenta la historia de Leara Viera, una mujer de origen humilde que acaba como tutora Gerrin, hijo del Plenipotenciario y quien cree ser un gohut tras haber sido prisionero de una horda de esta especie. En primavera de 2019 ve la luz El arcano y el jilguero, la primera novela larga de Varela y en diciembre de 2019 se publica Historias de Hann.