Cyrano de Bergerac

Cyrano de Bergerac. Edmond Rostand. Traducción de Mauro Armiño. Alianza editorial.

cyrano-de-bergerac

Por Cristina de @abrirunlibro

¿Qué tiene el valiente y locuaz Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand, para que siga despertando hoy en día tanta ternura? ¿Su fealdad ridícula? ¿Una brillante inteligencia? ¿Su valentía como espadachín? ¿Los hermosos discursos de amor? Seguramente un poco de todo ello pero sobre todo, la pasión secreta que despierta su prima Roxana en él y la timidez y vulnerabilidad de un hombre que sabiéndose feo, nunca llegará a declararle su amor.   

Cyrano de Bergerac fue un personaje real, un filósofo coetáneo de Molière. Un militar nacido en París en 1619, dramaturgo y poeta —incluso se le considera el precursor de la ciencia ficción—, al que Edmond Rostand en 1897, y mediante obra teatral en verso, realizó un recreación libre sobre algunos aspectos de la vida del filósofo —como curiosidad el verdadero Bergerac estuvo casado y tuvo tres hijos y el de Rostand no—, en un texto dramático dividido en cinco actos. Un drama romántico de espadachines que ha sido representado en cine y teatro en infinidad de ocasiones. Alianza editorial ha recuperado este año en formato bolsillo, esta obra clásica y atemporal con edición de Mauro Armiño.

Cyrano de Bergerac, un militar charlatán y pendenciero con una nariz extremadamente desproporcionada, siente una pasión oculta hacia su bella prima Roxana. Ésta, a su vez, está enamorada de Christian, un guapo cadete pero falto de talento. Gracias a un pacto entre Christian y Cyrano, éste iniciará un juego peligroso al hacer declaraciones de amor a Roxana haciéndose pasar por Christian.  

Cyrano.— (Roxana en el balcón y Cyrano escondido hablando en nombre de Christian). Este sentimiento que me inunda, celoso y terrible, es en realidad amor. Del amor tiene todo el furor triste y, sin embargo, no es egoísta. ¡Ah! Por tu felicidad daría yo la mía, aunque jamás tú llegases a saberlo, si alguna vez de lejos, pudiera yo oír la risa de la felicidad, nacida de mi sacrificio. Cada mirada tuya suscita en mí una nueva virtud y un nuevo valor. ¿Comienzas a comprender ahora? ¿Te das cuenta? ¿Sientes como mi alma sube hacia ti? 

Es evidente que el lector debe hacer un ejercicio de situación leyendo Cyrano de Bergerac, básicamente en el lenguaje y en la época. Y sobre todo, ha de ser muy consciente de que va a leer un drama romántico escrito en verso para ser representado en teatro. Una tragedia sobre los valores humanos a través del gran personaje que es Cyrano y donde la obra recae, en su mayoría, sobre  el hombre valiente en el campo de batalla, pero testarudo, orgulloso e indefenso en el amor, que es Cyrano de Bergerac.

Si hay algo que hay que destacar además del personaje, es el espléndido final de la obra. Pocos desenlaces existen que emocionen de la manera que lo hace Cyrano de Bergerac aunque ya no exista el factor sorpresa después de tantos años.  

Roxana.— (De pie cerca de Cyrano). Cada uno de nosotros tiene su herida; yo, la mía. Siempre viva, está aquí esta vieja herida. (Llevándose la mano al pecho). Está aquí, bajo la carta que ya amarillea. Aún se pueden ver en ella lágrimas y sangre.

Siempre se dice —el viejo cliché—, que leer a los clásicos es imprescindible. Cyrano de Bergerac lo es. Y no precisamente por su alta literatura sino por una ficción donde el personaje transmite un amplio abanico de emociones. Cyrano de Bergerac, el de la ficción de Edmond Rostand, maravilla por sus sentimientos. 

Deja una respuesta