¿Qué haces para conservarte aún tan joven?

¿Qué haces para conservarte aún tan joven?

Por Cristina de @abrirunlibro

En esto de la literatura pocas cosas hay más reconfortantes para un lector que recuperar un libro que ya ha sido leído con anterioridad y sentir la misma curiosidad por él como si fuera una primera lectura. La sensación es casi mágica.

Pero, ¿qué es lo que nos lleva a realizar una relectura por segunda o tercera vez?  ¿La añoranza de otra época? ¿El buen recuerdo que guardábamos del libro? ¿O será, quizás, el abrumador mundo de la novedad editorial? Podría ser una suma de todo ello. Y es entonces cuando una vocecilla maligna se nos dispara en el cerebro y nos pregunta: ¿cuál de los libros, de esas novedades editoriales que nos inundan, aguantaría no ya tres ó cuatro —como he hecho yo misma con algunos libros—,  sino tan sólo una segunda relectura? La respuesta podría ser contradictoria.

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Existen demasiadas novedades literarias. Pero, ¿es proporcional la cantidad de publicaciones con la calidad de las mismas?

Hace pocos días, en el Congreso de Lengua de Puerto Rico, Eduardo Mendoza soltó una frase lapidaria –llevado seguramente por el jet lag o sencillamente por haberse levantado con mal pie-, respecto a que tanto le daba si la gente leía o no leía, rematando la sentencia con “la mayoría de libros son una birria”.

Novedades buenas, “haberlas, haylas”.  La buena novela no ha muerto. De hecho, este año 2016, en mi haber, han sido muchas más las lecturas positivas que las negativas. Es verdad que voy con más cuidado e intento no caer en ese impulso de la compra romántica compulsiva. También intento no olvidar que el libro es un producto y que, como tal, dispone de campañas de marketing. Posiblemente, lo más conveniente es dejar a un lado todo el romanticismo que envuelve a la literatura y ser consciente de que a veces una bonita portada, un título llamativo, o una faja que auspicia maravillas en su interior, no será un indicativo incuestionable de que ése libro vaya a cumplir con mi perfil lector aunque seguramente, para otra persona, sí lo será.

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Pero me gusta leer. Y mucho. Y no siempre acierto. Y lo que es peor: después de haber puesto ilusiones en un libro y éste no cumple las expectativas personales puestas en él, aparecen las pequeñas crisis lectoras. Cuando eso sucede, recurro a la relectura. Ataco la biblioteca personal, la familiar, o la pública, y busco aquellas joyas que no envejecen nunca. Pero incluso, aunque el libro se esconda y me lo ponga difícil (hay veces que los libros se comportan como los calcetines: aparecen y desaparecen a su antojo), tampoco hay problema. Se están reeditando muchas obras increíbles, verdaderos tesoros de la literatura universal —incluso con nuevas traducciones—, y a un precio excelente.

Y es entonces cuando agarro aquel libro que me enamoró en su día y lo miro como se miran los ancianos enamorados susurrándose al oído:

¿Qué haces para conservarte aún tan joven?

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